noviembre 3, 2018

Una semana para cruzar Oaxaca


Durante una semana la Caravana Migrante cruzó suelo oaxaqueño. Los refugiados fueron recibidos por la policía federal, que intentó bloquear su paso al estado, y caminaron el primer tramo con albergues en malas condiciones o insuficientes. Muchos niños llegaron enfermos y con fiebre a Matías Romero, donde las carpas cedieron a un gran aguacero. Sin embargo, la solidaridad oaxaqueña emergió en el Istmo y les dio un respiro para continuar la marcha. Este es el resumen de ese recorrido

Texto: Diana Manzo / Página 3
Fotografías: Javier García y Ximena Natera
Video y foto de portada: Pedro Matías / Página 3

 

DONAJÍ, OAXACA.- Después de permanecer siete días en territorio oaxaqueño y recorrer cinco poblados de la región del Istmo de Tehuantepec (Tapanatepec, Niltepec, Juchitán, Matías Romero y Donají), la caravana de migrantes llegó la tarde de este sábado al estado de Veracruz. 

La fila está formada por unas cinco mil personas. Para entrar en Oaxaca tuvieron que enfrentar un retén de 200 policías federales y de la gendarmería. El visitador general de la Defensoría de los Derechos Humanos de Oaxaca, Arturo Peimbert, reprobó esta  acción y exigió al gobierno mexicano solidarizarse con esta “crisis humanitaria” que vive Centroamérica. “Esto es un éxodo, un desplazamiento humano”, dijo.

Según las organizaciones que los acompañan, eran unas 7 mil personas aproximadamente cuando ingresaron a Oaxaca, pero unos mil fueron repatriados a su país “voluntariamente” y otros avanzaron por su cuenta. Esas miles de historias de vida huyen por la violencia en sus países, principalmente Honduras.

En el Municipio de Matías Romero, la lluvia inutilizó el albergue temporal. La caravana comenzó a dispersarse por la ciudad y a moverse hacia el Istmo y los que pudieron hacia Veracruz.

Pero la solidaridad de la sociedad civil con los migrantes creció en Oaxaca y, aunque nada fue suficiente por la cantidad de personas que caminan en este éxodo, ellos siguieron su ruta al estado de Veracruz, con la esperanza de cruzar México y llegar a la frontera norte.

 

 

Con sus mochilas al hombro, sus botellas de agua, sus pertenencias, algunos víveres y muy agotados se desplazaban por  las  carreteras federales. Los “aventones” fueron el mayor método de transportarse, otros pedían monedas con las cuales pagaban sus pasajes y comían alimentos.

Juchitán, una de las ciudades más importantes de la región, fue en donde recibieron la mejor atención. Ahí hubo organización, según reportó la Misión de Observación integrada por organismos sociales de Oaxaca.

 

Foto: Javier García

 

Fue en esa misma ciudad donde nació Allison Guadalupe Vásquez Pérez, la primera bebé de padres guatemaltecos que nació en la caravana de migrantes misma que entró a territorio mexicano hace 18 días y que salió de San Pedro Sula, Honduras el 13 de octubre.

Donají fue la última comunidad de Oaxaca que visitaron. De ahí, el éxodo de migrantes decidió acelerar el paso hacia Veracruz para evitar encontrarse con otras caravanas que ya ingresaron a México, al menos otros tres contingentes que también aglutinan a cientos de personas. Aunque reconocen que son sus hermanos y hermanas, manifestaron que les preocupa que existan personas “revoltosas” que estén generando violencia y que su actuar sea una “justificante” para que las autoridades los regresen a sus países y ahí acabe todo.

Para los niños caminar con sus padres es una aventura, nada les preocupa y solo despiertan para comer, jugar y dormir, muchos van enfermos pero sonríen, los rostros de cansancio se perciben en la mayoría, sus pies parecen no rendir más, pero siguen porque vienen huyendo de la violencia para lograr algún día vivir dignamente y en paz.

 

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Ximena Natera

Soy aspirante a la buena imagen, a la buena crónica, a la buena historia, soy aspirante al buen periodismo. Las historias de horror, miedo e injusticia que vimos y escuchamos a lo largo del camino me dejaron un hoyo en el estómago, la única manera que encuentro para cerrarlo es compartir estas mismas historias una y otra vez, con la esperanza de que la indignación se propague y, como dice el periodista Oscar Martínez, contribuya a iluminar poco a poco las esquinas oscuras.