diciembre 9, 2016

La selva de Los Chimalapas, la otra ruta de migrantes en Oaxaca

El 27 de septiembre agentes del INM persiguieron una camioneta cargada de migrantes, los aseguraron a ellos y detuvieron al conductor. Minutos después, la migra fue alcanzada por traficantes armados para recuperar su mercancía. Varios agentes resultaron heridos. Son las historias de la nueva y solitaria ruta migrantes

JUCHITÁN, OAXACA.- Inquietos o nerviosos unos, asustados, otros. Pero todos a la espera. En medio de la selva de Los Chimalapas, en los límites entre Oaxaca y Chiapas, más de 30 hombres, mujeres y niños con mochilas y maletas desgastadas esperan impacientes al traficante. Atrás, muy atrás, quedaron los últimos pueblos y habitantes de la región.

Es un caluroso día octubre y ellos están prácticamente en medio de la nada. Están en el sur de Oaxaca, en la zona oriente del Istmo de Tehuantepec, muy cerca del paraje El Quebrachal, en el municipio de San Miguel Chimalapa. Están en la cúspide del camino que los llevará a uno de los pulmones naturales de México.

Llegaron hasta aquí desde Centroamérica guiados por un par de traficantes de personas: mexicanos armados con aparatos de radiocomunicación que de cuando en cuando interrumpen el murmullo de la selva.

En una loma esperan; se sientan, se paran, dan vueltas. Evitan alejarse del grupo. Se notan listos para continuar, para bajar la montaña. Y así, prestos, reaccionan cuando ven llegar a una camioneta de la Procuraduría Federal de Protección del Ambiente (Profepa) cargada de comuneros zoques oaxaqueños que realizan una inspección de tala en reserva ecológica. Unos intentan correr, huir. El inspector de Profepa los tranquiliza con las manos:

“¡No se asusten, no somos policías, somos inspectores. Ellos son comuneros!”, “¡Tranquilos! ¡No les vamos hacer nada!”.

Los caminantes se vuelven acomodar en el suelo y a espiar entre el follaje para ver si se acerca el transporte que les permitirá seguir su camino a Estados Unidos. Media hora esperan, cuando llega a toda velocidad una camionetita blanca, adaptada para transportar ganado. Para de golpe. Los caminantes saben lo que deben hacer, corren y trepan las redilas. No pierden tiempo.

Más de 20 logran hacinarse en la batea en forma de jaula. Se agarran como pueden, se apretujan, unos se persignan. El chofer no apaga nunca el motor y dos manotazos en la carrocería del pequeño guía le indican que está listo para continuar, así lo hace y arranca mordiendo el polvo. El resto lamenta no haber logrado el viaje. Los dos del woki toki los tranquilizan, viene otra camioneta por ellos más tarde.

Así pasan los días en la selva. En los últimos dos años, desde que arrancó el Plan Frontera Sur con la meta de blindar el cruce de centroamericanos a Estados Unidos, esta zona se convirtió en una ruta alternativa para cruzar México y equivar a la migra. También es una de las rutas más peligrosas por el mal estado y la estrechez del camino montañoso, lo que puede provocar accidentes y volcaduras de los vehículos cargados de migrantes.

La ruta de Los Chimalapas siempre ha existido por el difícil acceso, la falta de vigilancia y el conflicto agrario entre Oaxaca y Chiapas, pero con la nueva política migratoria de México se intensificó el flujo.

La nueva ruta es solitaria. El 27 de septiembre del 2016 agentes del INM persiguieron una camioneta cargada de migrantes, los aseguraron a ellos y detuvieron al conductor. Minutos después, la migra fue alcanzada por traficantes armados para recuperar su mercancía. Varios agentes resultaron heridos.

Los caminos del itsmo

El Plan Frontera Sur fue lanzado por Enrique Peña Nieto en el 2014, justo en el contexto de la crisis migratoria de niños centroamericanos y mexicanos sin documentos. Ese año, cerca de 60 mil infantes no acompañados cruzaron México para llegar a Estados Unidos. La presión social en Estados Unidos derivó en una presión política para que México blindara sus fronteras. Así surgió ese Plan que fue presentado como un mecanismo de protección a los migrantes, pero que se tradujo en el aumento de deportación. Para el 2015 las expulsiones habían incrementado 72 por ciento

Sin embargo, el flujo de personas no para y las rutas no dejan de abrirse.

A pesar de los riesgos, menos de la mitad del flujo sigue la ruta de La Bestia, como le dicen los centroamericanos al tren, y camina hasta 10 horas, rodeando veredas de Arriaga, Chiapas hasta Chahuites según los defensores de derechos de los migrantes. Para llegar a Ciudad Ixtepec invierten por lo menos 2 días descansando y caminando. Ante la imposibilidad de continuar por tren hacia el centro y norte del país, muchos siguen en autobús a la ciudad de Oaxaca o la zona de Veracruz. Por el recrudecimiento de los operativos pocos utilizan la ruta hacia la ciudad de Oaxaca por la Sierra Mixe Zapoteca, porque el INM ya implementó retenes en esta zona, así que no les queda más que arriesgarse en la carretera federal Cristóbal Colón.

El albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec observó un aumento del flujo migratorio a partir de febrero del 2015, de 20 a la semana pasó a casi 100 personas semanalmente en el refugio.

Otro grupo se aventura por el mar y paga hasta 250 dólares para cruzar de Chiapas a Oaxaca. Hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses comienzan el periplo tomando las lanchas en la Barra de Tonalá, Chiapas, y atraviesan la Laguna Inferior y Superior del Golfo de Tehuantepec en el Pacífico hasta desembocar en Salina Cruz. De aquí se trasladan en vehículos hacia Oaxaca o la Ciudad de México. Este grupo no pasa por los refugios de migrantes en Ixtepec o Chahuite.

De día y de noche

La camionetita corre a toda velocidad surcando el serpenteante camino, mientras los que se quedaron a su suerte, mujeres y niños en su mayoría, no quitan la mirada del vehículo que sólo deja polvo. Vuelven a la loma con sus mochilas, se acomodan y obedecen la orden de los traficantes, esperar.

Horas después, ya caída la noche, otra camionetita a lo lejos toca el claxon estridente, anuncia el viaje. Los migrantes a penas y se ven en la obscuridad, bajan corriendo, se trepan, la acción es la misma siempre, el vehículo baja a toda prisa el cerro hasta perderse y no dejar rastro de su presencia en la selva oaxaqueña.


Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la siguiente frase: “Este trabajo forma parte del proyecto En el Camino, realizado por la Red de Periodistas de a Pie con el apoyo de Open Society Foundations. Conoce más del proyecto aquí: enelcamino.periodistasdeapie.org.mx”



Roselia Chaca

De las nubes como toda binnizá, con el ombligo enterrado en el reino zapoteca. Nació en un año que no quiere ni acordarse. Hizo la licenciatura en Literatura y Lenguas Hispánicas en la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana. Desde hace 13 años se dedica al periodismo. Logró el Premio Estatal de Periodismo en el 2005. Obtuvo el Séptimo Premio Nacional "Rostros de la Discriminación Gilberto Rincón Gallardo" 2011. Segundo Lugar en el Concurso Nacional de Periodismo Equidad y Género 2013. Becaria del Programa PRENDE de la Universidad Iberoamericana 2011. Es corresponsal en Oaxaca de El Universal. Corresponsal en el Istmo de Quadratin Oaxaca. Reportera del diario Noticias, Voz e Imagen del Istmo. Viajera sin dinero y fotógrafa elemental de Iphone. Más autóctona que la iguana.