abril 14, 2018

El precio del activismo en Estados Unidos


Melesio Morales es dueño de una pequeña empresa de construcción al sur de Seattle, paga impuestos, está casado y tiene tres hijos. Además es activista en favor de los derechos de los inmigrantes indocumentados. Tal vez por eso, el gobierno de Estados Unidos no cesa en su persecución

Texto y fotos: Kau Sirenio Pioquinto

TACOMA, WASHINGTON.- Los ventarrones de la costa de Seattle no pudieron contener a los mexicanos que llegaron desde muy temprano con sus pancartas a las afueras del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en protesta por el proceso de deportación del empresario constructor Melesio Morales (Mele).

Ese día, Mele llegó acompañado de su esposa e hijos. Mientras, en la explanada del edificio del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) se dejaban oír gritos solidarios con el mexicano, esa era la tercera vez que acudía a una cita así.

“El único crimen que cometí aquí es cruzar la frontera para no morir de hambre en México”, dijo al salir de la oficina del ICE.

Mele nació en el municipio de El Marqués, Querétaro, en 1985. Ahí vivió hasta los 14 años cuando decidió emigrar a Estados Unidos. «Crucé la frontera; y luego el desierto para llegar con mi tía. Desde que llegué empecé a trabajar, siempre lo hice en la construcción, por eso hice mi propia empresa», comenta.

Tener una empresa y pagar impuestos no es suficiente para que ICE lo deje en paz; al contrario, lo han citado en muchas ocasiones. La primera, estuvo detenido en el centro de detención de Tacoma, al Sur de Seattle, estado de Washington; luego, tuvo que andar con dispositivo de localización amarrado al tobillo por cuatro meses. Desde entonces, aprendió a mentalizarse: podía ser detenido y deportado en cualquier cita con el “hielo”, como también llaman a ICE.

Siempre que lo citan, Mele va acompañado de su abogado. Estas visitas le han generado gastos de másde 70 mil dólares.

Antes de enfrenar este proceso, en sus ratos libres, hacía activismo con la organización NWDC Resistence (o Resistencia al Centro de Detención del Noroeste), que coordina Maru Mora, otra activista que también enfrenta un proceso de deportación.

“A Mele preocupaba el problema de que muchos paisanos estuvieran en proceso de deportación o detenidos en el Centro de Detención de Tacoma; eso lo llevó a unirse a nosotros en 2014, cuando los detenidos organizaron la huelga de hambre más grande del país”, cuenta la propia Maru.

–¿Cuántas personas encontraste en Seattle con el brazalete? – Pregunto después la cita en la que le pusieron el dispositivo de rastreo

–Como dieciséis; pero estaban llegando de otro lado. Había personas que tienen años así: va de un año en adelante con el brazalete. Lo que me di cuenta es que soy el único mexicano con brazalete; los demás son centroamericanos. Esto se debe a mi condición de activista.

“Mele” Morales durante una manifestación como activista

Al queretano lo detuvieron en 2011, por “violación de tráfico regular” y fue lo consignado a la migra. A partir de esa detención, el empresario pasó un mes detenido en el centro de detención para migrantes de Tacoma.

–¿Cómo saliste de ahí? –le pregunto.

–Pague una fianza de cuatro mil quinientos dólares –suelta–, pero la fianza era de diez mil dólares.

–¿Qué ha pasado con tu proceso de resudencia?

–El proceso para obtener mi residencia es muy desgastante y frustrante. No encuentro manera para que el ICE nos dejen en paz.

El activista lleva siete años enfrascado en trámites legales y en ese lapso ha tenido que sortear las oficinas y la Corte de asuntos migratorios.

Sus constantes visitas a las oficinas de ICE lo llevaron a organizar a otros migrantes indocumentados para hacer presión comunitaria cuando alguno es citado, o requerido, como ellos dicen.

“Cuando vas acompañado al ICE no sientes tanta presión. Ese día que me citaron esperaba que me entregaran documentos de residencia permanente, pero no fue así. Lo bueno de todo esto es que me trataron bien. Creo que fue por la presión comunitaria de los compañeros que me acompañaron”, cuenta.

Protesta por la liberación de Mele Morales

La persecución a inmigrantes indocumentados en Estados Unidos ha aumentado durante la administración de Donald Trump. Ahora el hostigamiento se recrudece en contra de activistas que defienden a la población detenida en alguno de los más de 600 centros de detención de ese país.

De esos, 200 son cárceles privadas de la empresa Corrections Corporation Of América (CCA) y GEO-Grupo. El resto, son cárceles de los condados que tienen convenio con ICE para resguardar a personas en proceso de deportación. Ahí se les obliga a trabajar para ganar un dólar por día de trabajo.

“Es la única forma de comprar algo de comer, porque la comida que ahí no sirven, es insalubre”, asegura Mele.

Encima de todo esto, los inmigrantes mexicanos no reciben ningún apoyo del gobierno mexicano, a pesar de que mandar el equivalente al 2.3 % de Producto Interno Bruto (PIB) en remesas.

“Desde que cruzamos la frontera, empezamos a mandar dinero a México; eso ayuda en mucho a la economía. Pero cuando estamos en problemas, el gobierno mexicano no voltea a ver nuestros problemas; al contrario, nos cierran los consulados cuando buscamos asesoría legal. No hay leyes que nos protejan; no están de nuestro lado”, explica Morales.

Cuando piensa en su deportación, Mele se pregunta si el gobierno, de Querétaro, a donde pienza regresar, lo va a apoyar o si le va a dar alguna certeza laboral.

Después de que Donald Trump anunciara sus planes de deportar a cientos de miles de mexicanos, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto anunció algunas acciones de apoyo como créditos y revalidación de estudios. Sin embargo el acceso a estos programas es difícil, pues muchos de los connacionales que regresan al país no cuentan con cédulas de identidad que es requisito indispensable.

Mientras tanto, la pequeña empresa que Mele montó hace diez años y que ahora emplea a otras 5 personas, se tambalea.

Centro de detención de migrantes del Noroeste

En 2011, el activista mexicano estuvo detenido en Tacoma, al sur de Seattle, Washington. “Es una jaula. La verdad. Una cárcel donde las condiciones son degradantes. Cuando estuve detenido supe lo que es una cárcel; ahí, te dan comida asquerosa, que no la comen ni los perros; el agua que toman sabe feo. Las personas no son tratadas como seres humanos”, revela.

El 27 de marzo de 2018, después de una citade rutina fue detenido de nuevo y fue liberado el pasado miércoles 11 de abril. Inmediatamente fue trasladado por su familia al hospital, por las malas condiciones de salud que ocasionó su detención. Al momento de esta publicación, seguía hospitalizado.


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Kau Sirenio Pioquinto

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